Hoy es 13 de enero de este nuevo
año 2019.
Hoy me animo y hablo de La Creación, del Universo, del Soplo que me
permite respirar, del equilibrio que hace florecer. En una sola palabra: Dios o
como cada uno elija nombrar a la Inteligencia Superior que arma el mundo.
Hasta ahora no he podido escribir directa y francamente
sobre mi experiencia. Lo he hecho de costado, por miedo a que me juzguen, en
realidad por prejuicio.
“Te volviste mística” me han
dicho, “te hiciste religiosa”, podrían objetar. Ni lo uno ni lo otro, solamente
es haber dirigido la mirada hacia un lugar distinto. Donde encuentro la Paz
para soltar los problemas y dejar en manos de La Creación la ayuda que siempre
aparece para resolverlos.
Pero como camino por la Tierra,
los desafíos no dejan de venir a mi encuentro. Detallarlos sería contar la vida
de cada una de las personas y no es mi propósito. A veces las situaciones se presentan desoladoras,
otras, menos pesadas.
Hallar adentro de uno la fuerza
para confiar en La Creación es encontrar la Paz. Y no son palabras nada más, es
un trabajo diario sumamente fructífero.
Cuando llegan obstáculos
me pregunto ¿por qué? y enseguida
pido asistencia en forma simple: “Sé que recibiré ayuda, sé que la vida
me iluminará para hacer lo mejor” y sigo andando. Como fruto de una magia
secreta, las cosas se aclaran, se reubican, se ponen en su lugar.
¿Siempre como yo quisiera? NO
Siempre como tiene que ser.
Esta frase que parece inocua y no
muy feliz en miles de circunstancias, tiene un significado revelador. Como no vemos la película completa de nuestro
tránsito por este mundo, lo que deseamos puede no ser bueno para nosotros y
y el entorno, entonces se soluciona de otra manera.
Si acepto que lo que pasa es lo
correcto para este momento, el sufrimiento disminuye aunque el dolor perdure hasta desaparecer.
Me llevó tiempo de
introspección arribar a esta certeza que
me ayuda a vivir mejor.


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