A partir de aquella
relajación de Yoga en el final de una práctica, el color se convirtió en un
ayudante que acude a mí.
Con los ojos cerrados
o abiertos lo siento en mi interior, no lo pienso, no lo provoco, está a través
de su nombre.
En oportunidades en
las que se desencadena alguna molestia física, vibra en mi sentir una tonalidad
y en poco tiempo el dolor se suaviza o desaparece. Es como si una parte de mí
que al mismo tiempo me abarca de manera completa, supiera que por ejemplo “hoy
siento el azul”.
Cuando es así, sé que aparece porque lo necesito.
De ninguna manera
pretendo decir que nos alejemos de la consulta médica. Solamente es estar
atentos y confiar en la asistencia constante del Universo para elegir el
camino.
Sé que la vida
acomoda las situaciones siempre a mi favor, aunque mientras el acomodamiento
sucede, me disguste en la forma en la que se resuelve el escollo.
Luego de un
tiempo, o a veces enseguida, me doy cuenta, una vez más, que resultó LO MEJOR
para mí.
Poder mirar
al mundo a través del alma es, también, una práctica.
Una tarea constante de observación.
Es el gran cambio en la manera de pensar. Por ejemplo, durante gran parte de mi
vida creí, lo que escuché de la boca de un médico:
“Con respecto al desarrollo de
las piernas, esta chica es un típico caso de mala suerte”.
En ese gran período
de mi recorrido vi a los médicos como dioses depositarios del saber supremo, si lo decían así era así.
Hoy sé que fue
gracias a toda mi historia de cirugías, jeringas, agujas, medicamentos, muchos
años de psicoanálisis y el Yoga, alcanzo esta mirada distinta auspiciada por la
Luz Divina.
No fue mala suerte, solo un sendero para atravesar.
La vida se acomodó y ahora
soy quien soy, en la búsqueda constante de la Paz y eligiendo ser feliz PESE A LOS
INFORTUNIOS de cualquier índole.

