martes, 19 de febrero de 2019

¿POR QUÉ NO YOGA?



Debido a mi discapacidad física estuve convencida, durante mucho tiempo, de que nunca podría acceder a esta práctica.

Si bien recibía información de personas allegadas sobre lo maravilloso de sus resultados y se repetía el comentario:
“Cuando empezás no querés dejar y menos perderte una clase”.

Dudaba. Hasta que sucedió lo inesperado (Como tantas veces me pasa que las respuestas y las soluciones se acercan). En el instituto de natación al que asistía, Andrea, la simpática recepcionista comentó que había finalizado el instructurado de Yoga. Le dije prácticamente sin pensar: ¿Vos podrías darme clases de Yoga a mí? Viste que no puedo hacer demasiados movimientos con las piernas.

Por supuesto que es posible, hay un montón de ejercicios que sí podrás hacer. Contestó Andrea sonriente.

Sentí que habíamos comenzado un nuevo camino juntas.

Al igual que cuando me inicié en REI-KI, mi vida se transformó. 

A partir de mi encuentro con el Yoga aprendí a sentir el cuerpo y el soplo que lo mantiene vivo. Supe de la existencia de músculos que no usaba, me fui flexibilizando física y mentalmente. 

Me acerqué al contacto con lo que no se ve y está presente, la energía que nos sostiene.


Recorro el camino del conocimiento personal no solo cuando tengo clase, sino en el día a día porque lo que se instala en la hora de la práctica continúa operando cambios que me llevan a descubrimientos personales y de lo que me rodea.


¿Por qué es tan necesario conocerse?

Porque al mejorar el entendimiento, la forma de transitar las dificultades se suavizan. Si me hago cargo de mis acciones y pensamientos, dejo de culpar a los demás y a la “suerte”. 
Ella, “la suerte”, es un duende engañador, no existe. 




Seguiré hablando del Yoga porque fue a partir de una relajación al final de la clase cuando, con los ojos muy cerrados, vi con los del alma, el color amarillo-verdoso en una imagen informe. Un inicio deslumbrante de mi relación con el color que compartiré en este blog.


domingo, 3 de febrero de 2019

Una vez más, lo que llevamos dentro obra en nosotros

Cómo saber por qué el dolor alerta y en general suele asustarme. 

El miedo que la mente impone se hace presente en cuanto me descuido.

En este punto si me dejo llevar por ella, la mente, puedo volar hasta cualquier pensamiento negativo sobre la situación y lo que podría traer.

Es un instante de decisión. Detengo el pensamiento y observo el dolor permitiéndole así al alma que lo sane. Y entonces evalúo qué hacer.

La propuesta es no desesperarse para que la Paz que otorga la confianza llegue como ayuda. También pido asistencia al mundo espiritual. Sé que habrá solución y estaré en condiciones de escoger lo más adecuado.

El auxilio puede llegar de los conocimientos de los médicos y de otras personas que aparecen de manera “casual” a guiarme. Y también de mí misma cuando “se me prende la lamparita” y de lo más profundo viene un recuerdo, un sueño, una palabra y me asiste aclarándome el horizonte.