Por qué
“Presente en Paz”.
Porque cada vez que lo leo me habla de este momento. No del
futuro cuando suceda vaya a saber qué cuestión, tal vez, beneficiosa. No del
pasado cuando era nena o adolescente, o, o, o…
Porque mi interioridad, sin supeditarla a lo externo (clima,
gobierno, relaciones familiares y más), ocurre ahora y ahora es cada segundo de
la vida.
Es verdad que debemos transitar obstáculos en ocasiones
pesadísimos y a veces insignificantes y los tengo que sortear como si estuviera
esquivando guijarros de diferentes tamaños hasta encontrar el mar y una vez que
respiro su grandiosidad a la orilla, cuando creo que llegué y puedo descansar
en la playa, vienen olas enormes que me dejan sin respiración y a continuación
unas suaves dispuestas a acunarme en el espacio infinito hasta la siguiente que
de nuevo, me hunde en la inmensidad salobre y amarga.
Así es a diario y me aferro a mi “propio salvavidas”.
(Escribiré sobre él en otra oportunidad).
Las dificultades son infalibles, sé que vendrán. Entonces, en
nuestro auxilio, llega la tercera palabra del título de este blog.
Quise ponerla en mayúscula, como nombre propio, con el
propósito de otorgarle importancia. Porque estar en Paz es un trabajo constante
que relaciona el pensamiento con los sentimientos. Ella, con mayúscula, suaviza
lo pedregoso, el vendaval del dolor y la desazón, las búsquedas infructuosas
que después, milagrosamente, florecen con respuestas acordes a la necesidad.
La pienso y la siento, la convierto en intención de manera
consciente.
Hoy, 29 de diciembre de 2018.


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