En
agosto del año pasado, mi mamá de 94 años, que vivía a diario los
presentimientos de que su hora de partir estaba cerca, necesitaba más y más
contención.
Su
demanda era interminable y como todo es perfecto yo le daba cuanto podía sin
cubrir, quizás, su deseo. La situación se me tornó muy difícil. Con mi
discapacidad no me es posible salir rápido en el momento que el otro decide.
Estábamos
viviendo un tiempo complicado como tantas veces sucede.
Fue
en ese transcurrir que, de nuevo, el color habló.
Cada
vez que apareciera un pensamiento sobre la situación tenía que sentir el verde
y el azul oscuros. En mi interior resonaba la frase “Etapa final”. Unir tanta
información nueva para mí y dejar de lado la constante duda sobre si lo que
sentía era una conexión con el Universo o un invento de mi mente, fue también
una tarea trabajosa. Pero decidí pensar en el verde y en el azul en cada
oportunidad que las dudas y los temores con respecto a mi mamá intentaran
amedrentarme.
Y
entonces, el Universo trabajó a mi favor. Recibí la ayuda necesaria a través de
una cuidadora que llegó a último momento. Ella con su sabiduría y compasión facilitó
ese cambio parecido a una tormenta que es enfrentarnos con la muerte.
Mi
mamá partió en PAZ.
La etapa del VERDE Y DEL AZUL había terminado.







